La noche es pálida sin ti,
y mis ojos, desérticos de sueño,
se deshacen en la mecha
que sostiene mi ternura;
Mi nostálgica ternura…
Mi ternura temeraria.
No me queda más que una llamarada;
una flama eólica ultrajando tu volcánica simiente,
invitándote a bravío parto.
Puede que se acabe el omnisciente lápiz,
puede que su tinta estalle;
pero si tu fuego de mi aliento brota,
que se orinen y tiemblen
humilladas las tragedias:
una flor es capaz de sembrar al mundo.
sábado, 12 de julio de 2008
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